Encontrando luz en mis miedos.

El Faro en la Penumbra: La Danza de Seguir

​Era esa hora gris de la noche donde el silencio pesa. Elena se sentaba al borde de la cama, habitando ese espacio extraño donde el cansancio físico choca con una mente que corre a mil por hora. Se sentía suspendida en una mezcla de apatía y esperanza, una especie de "limbo emocional".

​¿Era mediocridad? ¿Era simplemente agotamiento? Se preguntaba si su realismo no era más que una máscara para su negatividad, o si simplemente estaba perdiendo el mapa de su propia energía.

​El Peso de lo Invisible

​Esa noche, el miedo se sentía más denso. La incertidumbre por lo que no podía controlar —el futuro, las finanzas, los "quizás"— le apretaba el pecho. Sentía ese dolor punzante de no valorarse, de mirar sus manos y sentirlas vacías, a pesar de todo lo que habían construido ese día.

​"A veces", pensó con una lágrima contenida, "sería más fácil no despertar".


​Pero entonces, en la oscuridad, ocurrió un pequeño milagro de claridad.

​El Ancla de la Realidad

​Elena cerró los ojos y, en lugar de mirar sus miedos, decidió mirar sus razones. Aparecieron como destellos:

  • ​El sonido de la risa de sus hijas planeando el futuro.
  • ​La mano de su esposo buscando la suya en la oscuridad.
  • ​El recuerdo del aire fresco rozando sus mejillas al atardecer.
  • ​La promesa de la próxima luna llena que bañaría el jardín de plata.

​Comprendió que su tristeza no era un signo de inutilidad, sino una señal de que estaba viva. Quien no siente miedo, no tiene nada que perder; y ella tenía un mundo entero que proteger y disfrutar.

​La Victoria del "A Pesar De"

​Elena se dio cuenta de que no necesitaba dejar de sentir miedo para ser valiente. La verdadera fuerza no es la ausencia de tristeza, es la decisión de levantarse al día siguiente con el corazón inquieto, pero los pies firmes. Su trabajo valía, su esfuerzo contaba, y su presencia era el sol del sistema solar de su familia.

​Esa noche no ganó la perfección, ganó la persistencia. Decidió que mañana no buscaría ser la persona más positiva del mundo, sino simplemente la mujer que se permite sentir, que abraza su vulnerabilidad y que elige, una vez más, vivir por el puro placer de ver florecer lo que ama.

​Una pequeña reflexión para ti

​"Estar cansada no es lo mismo que estar vencida. Sentirse pequeña ante el mundo es humano, pero recuerda que incluso las estrellas más brillantes necesitan de la oscuridad más profunda para ser vistas."

​Lo que sientes no es mediocridad, es humanidad. Valorar tu esfuerzo empieza por aceptar que hay días de sombra, y que eso no te quita valor, te hace real. Tus hijas y tu esposo no ven a una persona inútil; ven a su pilar, a la mujer que, incluso con miedo, elige quedarse.



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