¿Genio, Ingenioso o Ingenuo?
El Gran Tablero: ¿Genio, Ingenioso o Ingenuo?
En este viaje que llamamos vida, todos estamos tratando de descifrar el manual de instrucciones (que, por cierto, nadie nos entregó al nacer). Al final del día, la humanidad se divide en cuatro grandes grupos definidos por tres palabras que suenan parecido, pero que te pueden llevar a la cima o a quedarte sentado en la banqueta.
1. Los Genios de Academia
Son esas personas que parecen haber nacido con el "chip" actualizado. Terminan sus estudios con una facilidad que al resto nos da entre envidia y admiración. Tienen el genio de su lado: una capacidad intelectual brillante que les permite entender el universo en ecuaciones. Pero cuidado, que el genio sin calle a veces se pierde; son mentes de Fórmula 1 tratando de conducir en un callejón lleno de baches.
2. El Ingenio de la Supervivencia
Luego están quienes no tuvieron el camino pavimentado. Aquí es donde la necesidad se convierte en la madre de la invención. El ingenio no se aprende en un aula; se desarrolla cuando el plan A falla y no hay plan B. La persona ingeniosa es aquella que, con un clip y mucha voluntad, te arregla un problema que a un equipo de expertos le tomaría un mes. Su inteligencia es pura chispa y reflejos.
3. Los que se las Ingenian (Los Prácticos)
Este grupo es el más envidiado. No son necesariamente los más brillantes, pero son los más listos. Se las ingenian para que la vida les sea funcional. No se complican con teorías existenciales; buscan el camino más corto hacia el éxito y la practicidad. Saben que el mundo no premia al que más sabe, sino al que mejor resuelve. Su lema es: "Si funciona y es simple, es perfecto".
4. La Trampa de los Ingenuos
Finalmente, están los que navegan sin brújula propia. Son personas de cualquier edad que, por exceso de confianza o falta de malicia, se dejan llevar por los cantos de sirena de las redes sociales, las modas pasajeras o las opiniones de otros. Terminan siendo ingenuos en un mundo que no siempre juega limpio. El ingenuo no es malo, simplemente es alguien que olvidó que, para no ser engañado, hace falta un poquito de ese ingenio que mencionamos antes.
La moraleja es clara: No todos nacemos con el genio de Einstein, pero todos tenemos la capacidad de dejar de ser ingenuos. El secreto del éxito real no está en el título que cuelgas en la pared, sino en cómo te las ingenias cada mañana para que el mundo no te pase por encima.
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